Como matar a la cultura

Hay un sketch de Micky Vainilla donde le reprochan el querer crear una empresa para darle ilusiones de trabajo a los desocupados y el dice: “¿Cómo podés estar en contra de la esperanza?”.

La cultura es esa esperanza ficticia, ese sedante diario en que el sujeto vive perdido. Constantemente se renueva. Esa avidez de novedades hace que uno este todo el tiempo saltando de una cosa a otra y no se detenga en nada. En la actualidad no se necesita trabajo, educación y salud para evitar una revolución social. Netflix e Instagram son el arma de control social. Volviendo al sketch, dice en un momento “Yo creo que la desocupación es un problema. Porque un desocupado tiene mas tiempo para pensar. Y si piensa y se enoja puede venir a asesinarme”. Desde el futbol, el cine, la música, showmatch, hasta la velocidad y la repetición de Tik Tok, conforman esa industria cultural que no te deja tener tiempo para pensar.

La industria cultural y los medios (Dos elementos inseparables que conforman el mundo del entretenimiento) se ha dedicado a embellecer la destrucción. Constantemente nos sorprenden con nuevas e ingeniosas manifestaciones del apocalipsis. A esto se refiere Jameson cuando dice "Es mas facil imaginar el fin del mundo que el fin del capitalismo". Los medios transmiten brutales imágenes de guerras y actos terroristas como si fuesen un espectáculo mas.

Alguien podría decir “Ey, pero X película/canción/programa critica al sistema y plantea la necesidad de cambiar las cosas” Pero ese elemento de consumo está dentro, y es funcional, al sistema. Es el propio sistema quien contempla un espacio donde puedas ir a hacer ruido y protestar contra el.  Hay una frase de Lenin, muy acertada, que dice “El capitalismo nos vendera la soga para ahorcarlo”. Pero al dia siguiente volve a laburar.

La industria cultural es una industria de la masividad. Alcanza a todos los sectores de la sociedad. Todo lo que produce la industria cultural tiende a una homogeneidad que sólo matices leves, irrelevantes, parecerán desmentir. Estas diferencias sirven sólo para mantener una apariencia de competencia y de posibilidad de elección. La libertad de eleccion que nos ofrecen en bandeja en realidad es la libertad de elegir entre cosas iguales. ¿Quién no paso varias horas revisando si el feed de Instagram se vuelve a actualizar? ¿O haciendo un interminable scroll en Tik Tok? Todos productos inmediatos, de rápido consumo para constantemente saltar de uno a otro.  Al no detenerse en nada uno no termina de analizar nada y no puede pensar.

Cuando analizamos la realidad en la que nos vemos arrojados vemos que todo está configurado según el designio de algunos. El lenguaje que usamos no es neutro. Nos manifestamos a partir de palabras con un significado previo. En cada palabra el Poder asienta su modo de ver el mundo.

Entonces si queremos liberar al sujeto, hay que matar a la cultura. Pero detengámonos en esa afirmación “Si queremos liberar al sujeto”. ¿Queremos liberar al sujeto? ¿Quiénes queremos?  Pensemos en una persona de clase media, que se despierta con una alarma irritante a la mañana, va medio dormido al trabajo, esta 8/9 horas en una oficina, almuerza mal, y después de lidiar con el trafico vuelve cansado a su casa. ¿A él le importa la “liberación”? No, claramente no busca ser un sujeto revolucionario. La única felicidad que consigue en su dia a dia es consumir los grandes canales del entretenimiento. Eso no quiere decir que sea la única felicidad que exista.

Estamos rodeados ¿Y entonces que hacemos? ¿Tiramos la toalla? Desde luego no hay una respuesta clara al mundo que nos rodea. Pero el primer paso debe ser dejar de ser un sujeto-sujetado, un sujeto que recibe información y empezar a cuestionar. Hay que apagar la tele.


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