El deseo
¿Qué mueve al ser humano? Innegablemente algo a movido y mueve al ser humano. Una fuerza que únicamente actúa con el deseo de su propia conservación, su perpetuación y prolongación. Aunque no tenga un objetivo claro, busca perpetuarse a toda costa. Vemos esta expresión en su acto más claro, el afán de la perpetuación de la especie.
¿Dónde actúa esta fuerza? Esta
fuerza deseante se manifiesta en la ausencia, la carencia de algo (Ya sea
materia o inmaterial) del ser humano, y dado que un individuo que todo el
tiempo disponga de todo sería un ente todopoderoso, siempre habrá una nueva
necesidad para ser explotada por esta fuerza deseante.
Fuerza deseante –(Por
medio de una)-> Ausencia –(Genera)-> Deseos
La acción que desencadena el
deseo se ve en el uso y la articulación del propio lenguaje, un lenguaje no de
los sujetos, sino de las acciones. La vida es acción, propulsada por este
motor, esta fuerza deseante, que nos supera y nos desborda. Es mayor que
cualquiera de nosotros y nos resulta inabarcable, imparable. “Un huracán avanza
alegremente” diría Deleuze, que entiende al ser humano enteramente como un ser
deseante. Entendiendo al deseo siempre como algo concreto, una disposición
concatenada de elementos que forman un conjunto. Uno no desea aquel auto
solamente, es aquel auto y lo que incluye (A donde se ira en el auto, con
quienes se ira).
Dicha fuerza deseante y sus
manifestaciones (los deseos) generan la angustia en el ser humano, puesto que,
ante la negación de la obtención del objeto de la fuerza, se entra en un estado
de insatisfacción. Pero ahí el dilema. Si esta fuera dejara de desear (Tal y
como propone el budismo, con la abstención del deseo), se acabaría el
sufrimiento humano, pero también su motivación y voluntad original. Lo que
necesitamos no es el nuevo objeto de deseo, lo que necesitamos es dejar de
necesitarlo.
Ahora, los objetos de las
manifestaciones de esta fuerza, las ausencias, son modificadas por la sociedad.
La ausencia de un celular, un juego, un objeto de consumo, son ausencias
generadas por el capitalismo. El triunfo del capitalismo moderno, un
capitalismo de consumo masivo e inmediato para las masas, resulta atribuible a
esta voluntad que nos domina. Es perfectamente complementario con la fuerza
deseante. El sistema genera ausencias programadas, que se resuelven fácilmente
y le dan una satisfacción temporal al individuo.
El sociólogo francés, Pierre
Bourdieu, se separa del pensamiento Marxista clásico, entendiendo que la
sociedad moderna ya no se rige por los patrones de producción, sino por los
patrones de consumo. Es lo que se ve en el campo social (Con los diversos
capitales que lo componen). El consumo que divide a la sociedad abarca desde
los componentes culturales que se consumen, hasta lo que se come. La capacidad
de acceder o no a cierto deseo (Manifestado siempre a partir de una ausencia)
dependerá del capital del que disponga el individuo.
Donde haya consumo, habrá una
relación de poder (que determina que se consume) y donde hay poder, hay opresión.
Entonces la estructura de nuestro deseo esconde una red de relaciones de poder
ocultas, que nos configuran enteramente. Si estudiamos las ausencias que tiene
el ser humano entenderíamos sus deseos.
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