El temor a la burocracia

 

En los últimos años se vio un aumento global de la burocracia. Controles, permisos, regulaciones y demas pasos intermedios que inundan nuestra vida cotidiana. Todo con el fin de supervisar que el desarrollo de las actividades se dé satisfactoriamente. Para esto, dado que el desarrollo puede llegar a ser un concepto abstracto, miden ciertos signos del desarrollo. Un claro ejemplo son los exámenes dentro del sistema educativo. Mediante una evaluación estandarizada se mide tanto el desarrollo de los alumnos como el desarrollo del docente.

Estas grandes necesidades burocráticas elevan la cantidad de signos de desarrollo demandados. Con lo cual, a la larga y al entender cómo funcionan estas evaluaciones, los sistemas se giran a centrarse en estos signos, olvidándose de que justamente son eso, signos. Entonces tenemos un sistema que se autocomplace. Pasando, de una forma mediocre muchas veces, los signos de desarrollo que se pide. Terminando con unos signos del desarrollo que suplantan la función del sistema.

Por ejemplo, el mes pasado sancionaron a un estudiante del colegio por haber hecho públicamente una alegoría al fascismo. Lo citaron a una reunión con los directivos, otra con el equipo de orientación y otra con los padres y la dirección. Sin embargo, cuando se le notifico que sería sancionado, el chico no pidió que se le levante la sanción, sino todo el procedimiento burocrático que envolvía a la sanción. Es tan fuerte el peso de la burocracia que funciona como mejor método disuasivo que cualquier sanción propiamente dicha.

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