El artista y el arte
¿Consumir la obra de un violador es respaldar sus actos o darle
impunidad? ¿Es el mismo sujeto persona-social que persona-artista? ¿Cómo
influye el contexto histórico? ¿Entender las motivaciones del artista implica
justificarlo?
Para poder entenderlo de una forma metódica (o intentarlo al
menos) vamos a hablar de autores “inmorales” para englobar a aquellos que hayan
cometido actos ajenos a su vida profesional (aunque después analizaremos si se
puede llevar adelante esta separación) ya sean asesinatos, robos, abusos,
consumo de drogas, discriminación, etc. Y también vamos a remitirnos a usar la
palabra “autor” para referirnos a aquel sujeto creador de un determinado bien
(tangible o no) que a su vez llamaremos “obra”.
Primero tendríamos que entender que es la obra y que es el autor.
El autor es un ser, que es ser en tanto es posibilidad, es potencia. En esa
potencia crea una obra, invirtiendo parte de su trabajo. Esta obra una vez
producida ¿Se desprende de su autor?
Aquí vemos varias corrientes,
Barthes diría que la obra es y es uno quien debe asumir la
responsabilidad de interpretarla. No le pertenece al autor sino al lector.
“la explicación de la obra se busca siempre en el que la ha
producido, como si, a través de la alegoría más o menos transparente de la
ficción, fuera, en definitiva, siempre, la voz de una sola y misma persona, el
autor, la que estaría entregando sus 'confidencias’” [1]
Según esta concepción, el autor no posee a su obra tiránicamente y
luego de hacerla pública la obra no está atada (totalmente) a su contexto
original
O también podríamos pensar que la obra, al fin y al cabo,
constituye un tipo más de mercancía, si lo analizamos desde una óptica
marxista, cuantificable por el trabajo invertido. Por lo tanto, la relación
artista-obra es la misma que carpintero-mesa. El arte se vende, se distribuye y
se compra. Y de la misma forma no vas a dejar de usar tu mesa porque el
carpintero sea un ladrón, ¿Por qué dejarías de consumir obras de arte porque el
artista es inmoral?[2]
Sin embargo, si a la hora de leer el libro tapamos el nombre del
autor, ¿No pierde el poder que tiene originalmente? ¿No se vuelve una obra
incompleta al ignorar la historia y el contexto en el que nace?
“Los dinosaurios” de Charly García, ¿Tendría el mismo peso si
hubiese sido compuesta el año pasado? ¿Tendría el mismo peso si no la hubiese
escrito Charly García? Si bien no se puede tener una mirada estrictamente
biograficista, apegada más a quien crea la obra que a la obra misma, esta no
emerge de la nada.
Ahora, a veces nos encontramos con una significación retroactiva,
donde a raíz de nuevos paradigmas o escenarios, reinterpretamos obras pasadas.
Por ejemplo, Manhattan de Woody Allen relata la historia de cómo una
adolescente de 16 años tiene relaciones sexuales con un hombre de 40. Luego de
que se conocieran los casos de pedofilia relacionados con Woody Allen ¿Debe
cambiar nuestra percepción de la película?
Esto se relaciona directamente con que percepción de la moral
tengamos.
Generalmente también escuchamos decir cosas como "Es como el
árbol que se cae y nadie escucha. Si no te hubieras enterado de lo que hizo ¿Te
hubiera afectado?". Sin embargo, aquí podemos establecer una analogía con
la ley. Al igual que el desconocimiento de la ley no exime del cumplimiento de
la misma, desconocer (o tener una información parcial) el trasfondo del autor
no te permite actual de igual forma. Que no se malinterprete, esto no quiere
decir que uno deba hacer una exhaustiva búsqueda sobre cada artista para poder
disfrutar de su obra, quiere decir que no se puede apelar al “podría no haberlo
sabido” para seguir con la misma conducta.
Quizá seamos más claros si diferenciamos entre explicar y
justificar. Para tener unas líneas guía vamos a partir de sus definiciones.
Explicar
1. Hacer conocer o comprender una cosa a alguien de manera clara y
precisa.
2. Hacer conocer la razón o la causa de cierta cosa.
Justificar
1. Hacer [una cosa] que otra cosa sea admisible o no parezca
censurable, inadecuada o inoportuna.
2. Exponer razones o presentar documentos para demostrar que algo
es admisible o no censurable, inadecuado o inoportuno.
Entonces, y al igual que con el revisionismo histórico, los nuevos
datos nos pueden ayudar a entender, a explicar, de una forma más integra el
contexto o reinterpretar una obra. ¿Y acaso esta es una explicación mejor? No
necesariamente.
Uno puede ver, por ejemplo, la película “Lo que el viento se llevó”
y entender que, en el contexto que se filmó, el racismo era una práctica común.
Sin por eso avalar o justificar su creación. Ahora, entendiendo el contexto de
una obra inmoral (o de un autor inmoral) ¿Podemos disfrutarlo de igual modo?
Los autores son seres humanos que pueden involucrarse
políticamente (Como paso en el futbol con Maradona yendo contra el ALCA),
desarrollan una vida familiar (Como John Lennon que abandono a su hijo) y
pueden cometer crímenes (Como el Pity que mato a un tipo en la madrugada).
Todos estos sujetos, que conviven en un mismo autor, ¿son
separables? Desde luego analizar al autor como un todo resulta una misión
inabarcable en su bastedad, dado que nunca sabremos al 100% como actua una
persona. No lo sabemos ni de nosotros mismos. Dado que en cierto punto esa
acción responde a un juicio ajeno. Por lo tanto siempre tendremos una mirada
parcial y subjetiva del otro, de la cual llegaremos a un juicio de valor
subjetivo y parcial.
Si al inicio de este escrito dijimos que el autor era un sujeto en
tanto sus posibilidades de actuar, entonces debe ser dentro la acción donde
encontremos el modo de analizar al autor mismo.
[1] “La muerte del autor”, Roland Barthes
[2] https://marxismocritico.com/2013/10/30/el-valor-de-las-obras-de-arte-desde-una-perspectiva-marxista-jose-maria-duran-medrano/
Comentarios
Publicar un comentario