La profundidad del analisis

 

Las cosas ya no son como las ves

-Charly Garcia

 

Los bienes que a alguien nunca se le había pasado por la cabeza pretender, no los echa en absoluto de menos, sino que está plenamente contento sin ellos. Otro, en cambio, que posee cien veces más que aquél, se siente desgraciado porque le falta una cosa que pretende. También a este respecto cada uno tiene su propio horizonte de lo que a él le es posible alcanzar. Hasta donde se extiende, llegan sus pretensiones.[1]

 

Este es un ejemplo de varios escritos filosóficos que tratan sobre la felicidad y el buen vivir. El arte de ser feliz de Schopenhauer es uno de ellos. Ahora, ¿En que difieren estos textos de un manual de autoayuda? ¿Son un manual de autoayuda más refinado? ¿Hay niveles de “refinamiento”?

Todos estos libros, en rasgos generales, tienen a desarrollar hipótesis del comportamiento humano, sus relaciones sociales y sentimientos. Y a lo largo de la historia (desde Aristoteles hasta Stamateas) han llegado a conclusiones similares.

“El prudente no aspira al placer, sino a la ausencia de dolor”, Aristóteles,

Ética a Nicómaco, VII, 11, 1152b 15

“No puedes evitar que los pájaros de la preocupación y la inquietud vuelen sobre tu cabeza. Pero puedes impedir que aniden en tus cabellos. No te contamines con todo aquello que no sirve, aprende a descartar de tu mente todo aquello que intoxica tus emociones.”, Stamateas

Emociones Toxicas, pagina 122

 Esto puede llevarnos a pensar que quizá hay una esencia metafísica del comportamiento humano. Con lo cual volvemos a la idea platónica del mundo de las ideas, o al en-si kantiano. Sin embargo, si nos detenemos a reflexionar sobre este aparente dualismo esencia/apariencia (también visto como universalidad/individualidad) podemos arribar a otras conclusiones.

Este dualismo se conoce como la metafísica de la sustancia (puesto que entiende que la sustancia, la esencia está más allá de lo físico) donde numerosas ontologías filosóficas han quedado atrapadas en ciertas ilusiones de Ser y Sustancia. Estos constructos conforman los medios filosóficos artificiales mediante los cuales se crean de manera efectiva la simplicidad, el orden y la identidad. Pero en ningún caso muestran ni representan un orden real.

Ya que ¿Cómo accedemos a la esencia si no por medio de la apariencia? ¿Dicho de otra forma, la esencia no es esencia en medida que aparece? Generalmente la respuesta a esta pregunta es que no tenemos acceso a la esencia, sino que podemos deducirla de sus manifestaciones. Lo cual quiere decir precisamente, que no hay esencia más allá de la apariencia.

Sin embargo, no quiero que se entienda eso ni como un empirismo extremo ni como un superficialismo. Ya que, si bien solamente existen los fenómenos en cuanto apariencia, la observación que podamos hacer de esa apariencia no es siempre la misma.

Si estamos parados desde distintos ángulos no haremos las mismas observaciones de un árbol. De la misma forma que un experto en botánica no hará las mismas observaciones que nosotros. Esta serie conexa de manifestaciones, que en su conjunto conforman la objetividad del fenómeno, nos permite entender al fenómeno.

Retomando la cuestión de los manuales de autoayuda, volvamos con las preguntas de las cuales partieron nuestras observaciones.

¿Hay niveles de refinamiento? Al igual que el análisis de un aficionado pueda hacer de un árbol no es el mismo que pueda hacer un botánico, el análisis de un vendehumo no es el mismo que pueda hacer un antropólogo/sociólogo/filosofo. Y esta diferencia no viene de conocer una “esencia” intrínseca del ser humano, solamente se desprende de una mayor observación y análisis de la apariencia. ¿Es por esto una visión verdadera y la otra falsa?

Desde una razón teorica me cuesta encontrar motivos a favor de esa pregunta. Desde una razón practica si, la visión que mejor responde a la realidad del fenómeno podríamos decir es mas “cercana” al fenómeno.



[1] Artur Schopenhauer, El Arte de ser Feliz, pg 38

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