La naturaleza de la democracia
§ 1. Introducción. “El pueblo nunca se equivoca” “Votaron mal, jodanse” “El pueblo se dio cuenta” Expresiones como esta se vuelven fácilmente intercambiables en momentos electorales. El año pasado vivimos 3 elecciones nacionales. Para comentaristas de un lado, el pueblo despertó, luego lo engañaron y por último se dio cuenta de la verdad. Para comentaristas del otro lado, es el recorrido inverso.
// §. Aquí debería haber una parte donde se defina qué entendemos por democracia. La verdad es que definir a la democracia es una tarea inabarcable que no pone de acuerdo ni a los politólogos. Así que nos contentamos con tener una aproximación a la idea de democracia como un mecanismo por el cual los administrados eligen al administrador. //
§ 2. La democracia como un medio. No faltan quienes, ante un resultado que no es de su agrado, saltan a impugnar la democracia como mecanismo válido para elegir representantes. Nunca falta por lo bajo alguno que tira un comentario del estilo “la verdad que no debería votar todo el mundo” o “el voto no tiene por qué ser obligatorio”. El esquema de pensamiento es el siguiente, si la democracia es un medio para la obtención de ciertos fines (por el momento llamemos a ese fin “el buen gobierno”) y la democracia no logra llegar a esos fines, entonces funciona mal.
§ 3. La democracia como un fin. A esa postura se le contrapone otra, más limitada en sus ambiciones, pero creo más adecuada en cuanto a su respuesta. Considerar que la vida democrática es el fin en sí mismo y no un medio para otra cosa. El poder darnos nuestras propias autoridades, con espacios de discusión e intercambio, es el objetivo mismo de la democracia. Entonces no hay lugar para impugnaciones resultadistas.
Aprovechemos que estamos viviendo los 40 años de democracia ininterrumpida y volvamos sobre el discurso de asunción de Alfonsín:
Vamos a vivir en libertad. De eso, no quepa duda. Como tampoco debe caber duda de que esa libertad va a servir para construir, para crear, para producir, para trabajar, para reclamar justicia, para sostener ideas, para organizarse en defensa de los intereses y los derechos legítimos del pueblo todo y de cada sector en particular. En suma, para vivir mejor; porque, como dijimos muchas veces desde la tribuna política, los argentinos hemos aprendido, a la luz de las trágicas experiencias de los años recientes, que la democracia es un valor aún más alto que el de una mera forma de legitimidad del poder, porque con la democracia no sólo se vota, sino que también se come, se educa y se cura.
§ 4. Los problemas. Claro que, se habrán dado cuenta, entiendo a la vida democrática como un fin deseable en sí mismo. Esto no quita que tengamos que discutir sobre el funcionamiento de la democracia. Pero entiendo que el foco del problema no está en la falta de resultados queridos sino en la efectiva realización democrática. Podríamos pensar que esa falta es la consecuencia de la torpe realización.
Un ejemplo de esa torpe realización es la situación del DNU monárquico presentado por el gobierno, en franca violación de sus límites constitucionales. Algunos retrotraen el problema al “error” del sistema democrático de permitirle a un candidato como el señor M llegar al poder. Pero de nuevo, la máquina democrática no funciona así. El pueblo eligió al señor M y el señor M fue investido presidente. No hay de que quejarnos. Pero eso es una cuestión distinta a la presentada por el DNU.
§ 5. Las “soluciones”. Las soluciones o reformas que se proponen al sistema son variadas para contentar a todo el mundo. De forma esquemática y a grosso modo vamos a decir que están las que recaen sobre el contenido o sobre la forma del sistema. De nuevo, esto no es un tratado de ciencia política, sino un simple animo de analizar las intenciones de este nuevo gobierno y ver su naturaleza tendenciosa.
§ 5.1. Las soluciones sobre el contenido. ¿Cuál va a ser el objeto de las decisiones democráticas? Profundizar la democratización de la vida comunitaria, extendiendo el ámbito decisorio, o acercarse a esquemas más tecnocráticos, reduciendo las decisiones que pueden ser objeto de elección. Claro que este gobierno parte de una concepción vanguardista de su concepción política. El pueblo “no la ve” y ellos nos llevarán a la luz. Algo así sería su pensamiento. Su posición es clara, y responde también a su encuadre nacional de candidatos que, con su concepción radical de la democracia como un medio (exclusivo para ellos).
§5.2 Las soluciones sobre la forma. ¿Qué mecanismo vamos a usar para tomar esas decisiones? Aquí entran posiciones más cercanas al voto calificado, otras cercanas a quitar el voto obligatorio. Todos intentos que, bajo la apariencia de “que las decisiones sean las más informadas” o la excusa del palo que sea más oportuna, lo que intentan hacer es volver a elecciones aristocráticas. Se votan entre ellos.
§ 6. Conclusión. En la vida democrática, es el pueblo el dueño de su soberanía. Todos los relatos de “la tutela bondadosa” donde alguna élite se hace cargo de las elecciones del todo, siempre terminan en una sociedad estratificada y desigual. No nos vendan el cuento de nuevo
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